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En el año 1.227, en plena desmembración del Califato de Córdoba, Fernando III emprende una incursión por tierras de Andalucía. Temerosos los sarracenos del poder del monarca, procuraron pactar con él. El regulo moro de Baeza llega a un acuerdo con el rey Cristiano. Para cumplir el contrato de amistad, acordaron que las tropas castellanas ocuparan la fortaleza de Capilla, por ser de interés para el rey Santo y recibiera como rehén a los cristianos el Castillo de Baeza. Más a pesar de lo pactado, los moros de Capilla se resistieron a entregarle la plaza, quedando, pues, rota la alianza, los cristianos continuaron poseyendo el castillo de Baeza y pusieron sitio a Capilla para rendirla por la fuerza. Mandaba las fuerzas castellanas don Alfonso de Villalobos. Entre la gente de armas que dejó el rey para la toma de Capilla, se distinguieron sobremanera los Caballeros del Temple. Tras varios asaltos, conquistaron la plaza a finales del año 1227, y el rey donó a la Orden del Temple la plaza tomada.
Al mismo tiempo, también se ganaban a los moros las plazas de Benquerencia y Almorchón, que quedaban en poder de la Orden de Alcántara. Pero, por acuerdo de templarios y alcantarinos (siendo Maestre de los primeros Fray Alvito, y de los segundos García Sánchez), los del Temple canjearon el castillo de Esparragal, que poseían en la actual provincia de Cáceres, por el castillo de Almorchón. Así pues, a la donación que Fernando III hiciera a los templarios de la fortaleza de Capilla, éstos unieron la de Almorchón. La donación fue confirmada por el rey Santo en Toledo, el 9 de septiembre de 1236, con aclaración de límites. No mucho después, el 16 de diciembre de 1236, dispone Fernando III en Burgos inscribir la adjudicación de Almorchón a la Orden del Temple.
De esta manera, los templarios reunieron un gran Bailio (Capilla-Garlitos) compuesto por las encomiendas de Garbayuela, Yuntas, Toconal, Almorchón y Rincón de Zújar, formando una cinta alargada, limitada al sur por las sierras, con una longitud de mas de 50 Km., de la cual obtenían una sustanciosa renta: montazgos (basados en el privilegio de 1237), diezmos, derechos de ganado, de colmena, de pesca, tala de montes, diezmos de los cazadores, calañas, pechos de los vasallos y derechos de iglesias. Poseían además la tierra de Siruela, al Norte. Todo lo cual les rentaba cincuenta mil maravedíes anuales. Esto sucedía a principios del siglo XIV, aunque es posible que a mediados del XIII llevara camino de llegar a ser "El Bailio de Capilla-Almorchón"
Ocurrió en esta época un hecho importante que hubiera de marcar el futuro de esta comarca. Los caballeros templarios, de origen galo, buscaron aquellos sitios marcados por los druidas, donde posiblemente rindieran culto estas religiones pre-cristianas celtas, con una significación sagrada muy remota, con lo cual absorbían toda la carga de espiritualidad de los habitantes. En nuestra zona, los caballeros hallaron un lugar de estos, el que en la actualidad ocupa el Santuario de Belén. En él se instalaron y construyeron su cuartel (que aun se conserva, habiendo llegado intacto hasta nuestros días), de dos plantas y hermoso patio central, de estilo románico. Junto a él construyeron una cripta donde entronizaron (aunque lo más probable es que este culto se efectuara ya antes) a Ntra. Señora de Belén.
El culto a nuestra señora fue creado por San Bernardo y venía a relevar al de la diosa madre céltica. Esta cripta o capilla fue derruida mas tarde para construir, adosada al antiguo cuartel, la magnifica iglesia que hoy existe. Con tal entronización recogieron el legado representado por las costumbres y cargas de espiritualidad que para las gentes del lugar poseía el sitio de culto, peregrinaciones, milagros, promesas, etc. y todo ello, sin duda encuadró dentro de un plan preconcebido de civilización, del cual formaba parte la intensificación de la agricultura, la ganadería, la artesanía y el comercio.
Al instalarse en este lugar, controlaban el cruce de caminos del camino Toledo-Sevilla, con el de Benquerencia, ya que su misión principal consistía en guardar las rutas de peregrinación y comercio.
Siempre, y para este mismo cometido, donde existiera un punto de los caballeros del Temple, necesariamente habría de haber otro bien cerca; así, los del Temple construyeron otra ermita (1240) bajo la advocación de San Blas (nombre también de origen celta) en las cercanías de la antiquísima Venta del Buey, para el control del otro gran cruce de caminos en que hallaba enclavada.
La trashumancia del ganado, ya realizada por los celtas, quedo interrumpida por la dominación romana y después por la musulmana, pero finalizada la reconquista de estas latitudes, los ganados que se hallaban sujetos a los invernaderos a los ásperos temporales de Norte de Castilla, vieron abierta la posibilidad de hacer sus invernadas en los ricos y soleados pastizales de Extremadura y valle del Guadalquivir. Las rutas de la trashumancia, de origen celta, volvieron a utilizarse y tuvo lugar la creación en 1273 por Alfonso X el Sabio, de una industria organizada de cría de ovejas merinas. Para ello se organizo el Honrado Concejo de la Mesta de Pastores, que habría de ejercer decisiva influencia en los destinos de España.
Proliferan las cañadas, cordeles, veredas, descansaderos, abrevaderos y coladas, con sus medidas, que habrían de ser rigurosamente respetadas. Posteriormente se redactaron las ordenanzas para el cobro, en los sitios estratégicos, del impuesto de servicio y montazgo, que iban a manos del rey; así mismo se efectuaba el cobro de arbitrios locales.
Como resultado de esta estructura de la economía de la lana, de cuya producción España prácticamente ostentaba el monopolio, se trazaron tres importantes cañadas, la del Oeste leonesa (por el camino de la plata de los romanos, para las invernadas en la Tierra de Barros); las Centrales o Segovianas, que desde las Montañas de Cameros (Logroño), atravesaban la meseta castellana para venir a disfrutar de los pastos de la Serena y pasar posteriormente a Andalucía. Y la del Este, que venia de Alcudia y también por Cuenca, a Murcia.
La central o segoviana, que seguía mas o menos la antiquísima ruta de los “Foramontanos”, se apartaba de esta para derivar por las llanuras de Talavera, formando la Cañada Real de Extremadura, que, por Puebla de Alcocer, venia a desembocar en la Serena, finalizando en la Venta del Buey, mas exactamente, en el Descansadero de San Roque, que, al pasar el rió Zújar, se apartaba de ella la cañada del Puerto del Mejoral, para los aprovechamientos de pastos de la baja Serena y de la zona de Llerena. De Socuéllamos se apartaba otra vía pecuaria que, pasando por Garbayuela, llegaba también al descansadero de San Roque, próximo a la posada del Buey, a través del Cordel de Almadén.
Como consecuencia de este importante tránsito de ganados trashumantes, el emplazamiento que hoy ocupa Cabeza del Buey, se convirtió en una verdadera estación de extremos para el disfrute de los pastos de la Serena y para el paso al valle de Guadalquivir, a través de los puertos de montaña de esta cordillera del Pedregoso. En uno de ellos (Puerto de Almonacir), en el camino real se estableció un puesto para el cobro de impuestos del ganado. También se crearon, además del de San Roque, el descansadero-abrevadero de la Aguaneva, el descansadero de la Venta, la Majada del Caballo y una Red de cordeles, que permitía que, desde este punto, los ganados de la Mesta se distribuyeran a todas las comarcas inmediatas: Alcudia, Pedroches, etc.
Este enclave debió experimentar un gran auge, máxime cuando tuvo lugar la separación de las encomiendas de Almorchón y del Rincón (o de Cabeza del Buey) de las demás de Capilla; por lo que, al ser disuelta la Orden del Temple en 1311 por el Papa Clemente V, se fueron asentando mesteños castellanos o “serranos”.
Fue el rey Fernando IV quien se apoderó de los bienes del Temple a su extinción; así cedió a la ciudad de Córdoba la villa de Capilla, con puebla de Almorchón y Garlitos. En 1309 ya, Fernando IV, para compensar a Don Gonzalo Pérez Gallego, Maestre de Alcántara, de los treinta mil maravedíes con que le había servido para la guerra de Algeciras, le donó las villas y castillos de Capilla, puebla de Almorchón y Garlitos. Mas a la extinción de la Orden Templaria, el Papa Clemente V había dispuesto que los bienes de esta Orden pasaran a la de San Juan; pero como Fernando IV ya los había donado a la de Alcántara, negocio que probablemente ignoraba el Papa, resultó que, después de varios litigios, su sucesor Alfonso XI, al que el Maestre alcantarino había devuelto las villas y castillos, como señor poderoso, se quedó con todo, saliendo estas posesiones de los dominios de Alcántara para pasar a manos del rey en 1320, a excepción de la Puebla de Almorchón, que fue donada nuevamente a la Orden de Alcántara.
A partir de este momento, divergen la historia de Capilla y de Almorchón, la primera continúa siendo una villa importante y la segunda, olvidada, pasa a depender en lo jurídico de Villanueva de los Freires y en lo eclesiástico de Priorato de Magacela.
Un año después de la extinción de la Orden de los templarios en 1312, vemos como aparece empleado, por primera vez, el nombre de Cabeza del Buey designando a una encomienda que pertenece a la Orden de Alcántara, figurando como comendador de la misma Frey Juan Yánez de Aldad (en el año del señor de 1312). A todas luces, dicha encomienda debía estar ya creada en tiempos de los templarios y dentro de ella estarían enclavadas Cabezarrubias, la Venta del Buey y el cuartel templario, con la cripta de Ntra. Señora de Belén.
El Crecimiento económico de la Mesta, impulsado en gran medida por Alfonso XI, y la despoblación originada por la peste (que asoló casi toda Europa), hizo que se desarrollara la explotación ganadera (con ovejas merinas), pues dicha explotación requiere menos mano de obra. Los Mesteños se fueron asentando alrededor de la Venta del Buey, que, dadas las excelentes condiciones que reunía, creció. Los vecinos de la Puebla de Almorchón y los de Cabezarrubias fueron trasladándose a este núcleo. Y debía ya ser conocido como Cabeza del Buey, pues en el libro de Montería del rey Alfonso XI (1312-1350) se relata, que en el curso de una cacería efectuada por estos parajes, persiguiendo a un oso que habían herido, les llego la noche, fincaron esta noche en el monte, “Et nos tornamos a la Cabeza del Buey esta noche”.
La Puebla de Almorchón y Cabezarrubias terminaron por ser abandonadas por sus vecinos, dada su proximidad al poblado incipiente y su relativa insignificancia (de tal modo que no se les había concedido términos ni administración propia).
En 1385, el rey hizo elegir Maestre de la Orden de Alcántara al Don Martín Yánez de la Barbuda, natural del reino de Portugal. En la Crónica de las Tres Órdenes Militares de Rades y Andrada (1572), no figura quienes eran los comendadores de Cabeza del Buey y de Almorchón, únicamente conocemos que en 1371, lo era Fray Juan Díaz Páramo, en Cabeza del Buey y Fray Francisco de Sosa, en Almorchón, y que en 1416, figura Fray Pedro Fernández de Andrada solamente como comendador de Cabeza del Buey. Dadas las circunstancias, así como la entidad que iba tomando el poblado de Cabeza del Buey, en el año 1387, dicho Maestre Martín Yánez, para aumento de sus vecinos, le concede términos propios y 18 quintos (independizándose de Villanueva de la Serena), un mercado los martes y fuero para su gobierno.
La fusión de Almorchón y Cabezarrubias debió de llevarse a efecto con el fin de formar un núcleo suficiente de vecinos como para que se le concediera la categoría de villa. La villa conservó una particular rareza de dos párrocos en una sola parroquia ya que tanto en Cabeza del Buey, como en Almorchón, existían sus correspondientes Parroquias; así pues, conservándose separadas las feligresías pero utilizando ambas el mismo templo.
El nombre de Cabeza del Buey ya lo tenía el poblado existente que correspondía a la encomienda donde se encontraba enclavado, después heredada por los alcantarinos. El porqué de este nombre nadie lo ha justificado, pero creo que quien haya seguido esta historia lo encontrara por lógica. El nombre de “cabeza” comprende el primitivo de Turobriga, el de Bued (o cabeza del puerto) árabe, el arroyo del Buey, próximo, así como el hecho de que en la religión celta, el Toro o Buey simbolizara el culto al sol, origen de la vida, culto recogido por los Templarios. Todas estas numerosas circunstancias que concurren aparecen reunidas en el nombre de nuestra villa, más el cerro Cabeza de la Almagrera próximo.
El Fuero concedido por el Maestre Yánez fue el de la ciudad de León, considerado como el más notable de los fueros locales del Medioevo. Fue promulgado en el año 1020 en presencia del rey Alfonso V y de la reina doña Elvira, se reunieron los obispos, abades y grandes de León, Asturias y Galicia, celebrando un Concilio en el que se promulgara las leyes generales y eclesiásticas para los tres reinos, y particulares para el municipal de aquella cuidad y su alfoz. En el año 1032 se encuentra ya aplicado el fuero a varias ciudades. Según sus preceptos, el concejo tenia las atribuciones de policía de mercado y en general de la industria y del comercio. Comisiones de tres o cuatro individuos, con titulo de jurados o fieles, velaban por el cumplimiento de las ordenanzas de la policía, medidas y abastos. Dichos jurados eran elegidos por el concejo, y su autoridad delegada duraba un año. En cuanto al ejército, había de ser “en fonsado”, o sea, había que acudir a la guerra al llamamiento del rey, contribuyendo con hombres o dinero; pero solo estaban obligado a ir aquellos que acudían según costumbre.
En la villa de Cabeza del Buey, del mismo modo que se conservaron los dos curas párrocos de Almorchón y Cabeza del Buey, también residían en ella los comendadores de las encomiendas de Almorchón y de Cabeza del Buey. Según A. Agundez en “Viaje a la Serena en 1791”, de la Real Dehesa de Serena, parte conservaron los Maestres para el sostenimiento de su dignidad, parte se asignó a los comendadores en disfrute vitalicio. Otra parte se cedió a las villas para sus labores y pastos. Esta villa quedo asignada con 18 quintos al Norte de la población, por su fundador, debiendo abonar diezmos a la mesa maestral. Éstas se disfrutaban en forma de ejidos, Dehesas boyales y baldíos. Otras fueron disfrutadas en villas agrupadas, llamadas comunidades. Así la agrupación a la que estaba adscrita esta villa es la de la Sierra de Lares, compuesta por Esparragosa, Santi-Spiritus y Cabeza del Buey.
A partir de esto, Cabeza del Buey, ya villa independiente, ha de transcurrir dentro de la Orden de Alcántara, perteneciendo al priorato de Magacela en lo eclesiástico y a Villanueva de la Serena en lo jurídico. En cuanto a lo económico y social, como pueblo esencialmente ganadero, seguirá indisolublemente unido al Honrado Concejo de la Mesta de Pastores.
Durante el siglo XV, no conocemos ningún hecho destacable. La villa dada sus buenas condiciones ganaderas crece a tenor de la expansión que la industria de la lana tiene hacia Europa con el comercio. Las lanas, después de lavarlas, se llevaban a las lonjas, la más grande de las cuales se encontraba en Segovia; finalmente se transportaba en las carreteras a las grandes ferias, especialmente a la de Medina del Campo o a los puertos del Norte para embarcarla a Inglaterra o a Flandes.
Se combinaron los impuestos locales con el real de servicio y montazgo. Había por ejemplo, los derechos de Albalá, las tasas de Rebujal y ciertas tasas por el encuentro de animales, si existían razones para dudar por número declarado por el pastor. En resumen, la tributación por el ganado lanar se fue extendiendo, guardada con cuidado, gracias a Don Enrique IV.
Para la observancia fue dictada una Ordenanza relativa a la recaudación del servicio y montazgo, o impuesto real sobre Ovejas, “14 de Febrero de 1457”. Por las tales ordenanzas, que se daban en arriendo su explotación, habían de pagar: por cada 1000 ovejas, carneros o cabras… 5 reses de lo mejor y 3 maravedíes para el guarda. Por cada 1000 vacas, toro o novillo, 3 reses. Por cada 100 puercos, uno, el mejor, etc. Esta es una síntesis de la Ordenanza que obraría en el Camino Real, Puerto del Almonacir, para el paso de los ganados al norte de la provincia de Córdoba.
No tenemos conocimiento de que se celebraran Juntas de la Mesta en esta villa. Éstas según acuerdos tomados en la ciudad de Segovia, se habían de celebrar durante las invernadas en Extremadura en Don Benito y en Siruela, o en lugares entre medio, pero se celebraron en otras villas también. En Puebla de Alcocer también se celebró alguna.
Sin que aclare en que época, Pablo Carmona, dice en el programa de festejos de 1960, que “desde luego, ya en su primitivo escudo, concedido a la villa por los alcantarinos, figuraba un buey en la parte superior, completado por la cruz de Alcántara en la inferior”.
En este siglo XV, los reyes Católicos dieron licencia a un vecino de Puebla de Alcocer, llamado Juan Cano, para edificar una venta en el camino que une dicha villa con la de Cabeza del Buey, “Donde dicen Villar de Villafranca, en la Dehesa del Tomilloso”, que es término de la Orden de Alcántara de la Serena, porque es mucha la distancia y no hay ningún poblado ni venta, a cuya causa en tiempo de verano, muchas personas perecen en el camino, así de hambre y sed; y Nos, queriendo remediar en lo sobredicho, por manera que los daños y muertes cesen de aquí en adelante, y porque vos, Juan Cano, vecino de la villa e Puebla de Alcocer, nos hicisteis relación de que vos queráis hacer una venta en dicho camino, etc
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