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Cuando, con mi edad, miras el tiempo de los días de la infancia recorren por la mente imágenes y escenas que en aquel entonces daban vida a nuestro pueblo, un pueblo bullicioso de gentes y de caballerías, lleno de trajines y olores. Nunca tuvimos retrete más ecológico que la cuadra. ¿A quién molestaba el olor? Aquellos efluvios formaban parte de nuestras vidas, como tambien lo formaban las labores agricolas, los quintos, el cocedero, el arroyo, la fuente ... y la escuela, aquella escuela que quedó grabada con letras escritas con tinta en la libreta de rayas en los dictados corregidos a golpes de vara, en aquella enciclopedia que igual hablaba de geografía, gramática o historia sagrada y en aquellos descoloridos mapas con nombres de países que hoy ya no son.
• En aquellos años en Garlitos había dos escuelas, una que era la de las muchachas, situada en casa de la Antonina y despues en los bajos del antiguo Ayuntamiento y la escuela de los muchachos, que ocupaba el piso alto de en un edificio bastante lóbrego e insuficiente de propiedad particular situado en la plazoleta y en cuyo piso bajo estaba la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos. Muchachos y muchachas estudiaban separados. A las chicas les enseñaba una maestra, doña Juliana y a los chicos, hasta 1958 en que llegó Don Pedro, un maestro, Don Elías. [Hasta 1960 la Diputación Provincial, 27 de Julio de 1960, no acuerda prestar la ayuda solicitada por la Junta Provincial de Construcciones Escolares para la construcción de escuelas en nuestro municipio [BOP. nº 184 de 13-08-1960].
• Antes de empezar las clases se entonaba el Cara el Sol y se rezaba un Padrenuestro, Ave María y Gloria. Por la mañana se escribía al dictado, se daba la lección de pie en asamblea y se realizaban las cuentas puestas en la pizarra; pero sobre todo, se hacía la lectura conjunta e individualmente. A media mañana se salía al recreo a la plazoleta, tiempo que se aprovechaba para repartir la leche en polvo procedente de la ayuda norteamericana, que llegaba envasada en grandes bidones de cartón y la distribuía el gobierno de España a todas las escuelas nacionales. También recibíamos los escolares un trozo de mantequilla, después fue queso de bola, que venía en unas grandes latas cilíndricas con el emblema de la ayuda. Los jueves por la tarde no había escuela y durante el mes de mayo al acabar las clases se rezaba y cantaba a la Virgen.
• Sistema de aplicación, de arcaico lema, era: ¡la letra con sangre entra! Método de castigo y represión alentado por los propios padres, con frases como: ¡Usted dele!, ya que entendían como medio propio de elevar al niño a la nobleza de las letras, el someterlo a los castigos propios de las bestias [Denuncia pedagógica 1541].
• Para combatir el frío el Maestro tenía un brasero; los muchachos utilizábamos las latas de sardinas transformadas en calderillos para hacer braseros portátiles que llevababamos encendidos de casa.
• A los escolares nos enseñaban a leer en la Cartilla de Rayas y luego en el Catón. Para aprender a escribir utilizábamos el pizarrín y la pizarra y de más mayores la pluma, aún no había bolígrafos y el tintero de porcelana embutido en los bancos, escribiendo en la libreta de rayas y utilizando el secante para que la tinta no se corriera. La tinta se hacía en la propia escuela. El libro de texto utilizado era la Enciclopedia y para ello existían tres volúmenes, cada uno para el grado correspondiente. Para la enseñanza de Geografía había distintos mapas y tampoco faltaba el globo terráqueo que era al mismo tiempo motivo ornamental sobre la mesa del maestro. La regla, el cartabón y el compás de madera eran imprescindibles para la enseñanza de la geometría, así como la caja de cuerpos geométricos.
• Periódicamente, el Inspector se personaba por la Escuela para comprobar el funcionamiento y nivel del alumnado. Pese a que la visita debía ser por sorpresa, siempre había un preaviso, por lo que se le estaba esperando. Don Elías o don Pedro comentaban al Sr. Inspector que estaban dando geografía y el Inspector les invitaba a continuar con la Clase. Ni que decir tiene que los alumnos interrogados, eran los más sobresalientes de la escuela.
• Las catequesis de preparación a la primera comunión se impartían en la Iglesia después de la misa de los domingos. Recuerdo como si fuese hoy mismo cuando, junto con otros muchachos y muchachas de mi edad, recibimos por primera vez la Eucaristía de manos de Don Antonio Díaz Corralejo, por aquel entonces, cura párroco de Garlitos. La Primera Comunión se vivía como una gran fiesta familiar. Era costumbre hacer recordatorios de este acontecimiento para así no olvidarlo y con el paso de los años, al hojearlos, revivir la atmósfera de aquellos momentos, volviendo a la pureza y a la alegría experimentadas en el encuentro con Jesús.
• El concepto de solidaridad se ejercía mayormente a través del ejercicio de la caridad cristiana, representada de forma objetiva por las donaciones a la Santa Infancia [último domingo de Enero] y las cuestaciones para el Domund [tercer domingo de Octubre]. La finalidad fundamental de estas fiestas era dar a conocer la actividad misional de la Iglesia, en su más amplio sentido, tanto evangelizador como de desarrollo y promoción humana. Para ello se proponían como objetivos: La oración ferviente y la ayuda económica en favor de las Misiones.
• Para hacernos cercano esto, cada cierto tiempo llegaban a Garlitos misioneros que permanecían en el pueblo unos dias, intensificándose durante esas fechas las actividades religiosas y misioneras.
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