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MAS CURIOSIDADES - EL CEMENTERIO UN GARLITEÑO VIEJO  15/04/2008

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La costumbre de enterrar a los difuntos dentro de las iglesias comenzó en España en el siglo XIII y duró hasta bien entrado el siglo XIX, al creer todos que era útil que los enterramientos estuvieran en la iglesia a la vista de los fieles, para que al ver las sepulturas de sus difuntos, se movieran a incluirlos en sus plegarias. • El proceso de construcción de cementerios se inició con una Real Cédula firmada el año de 1787 por el rey Carlos III obedeciendo a una necesidad de prevención sanitaria que era cada vez más evidente. Pero ni con la indulgencia plenaria de ochenta días que concedía el Arzobispo de Toledo, Cardenal Lorenzana, a los que asistieran a los enterramientos en los nuevos cementerios, ni asegurando que la resurrección de los difuntos allí enterrados sería igual que la de los que reposaban en la iglesia se consiguió que el pueblo aceptara esta ley. En Garlitos, desde que se construyó la Iglesia, se estuvieron sepultando los difuntos en ella. Es por ello que en las repuestas que se da al interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura en 1791, se dice: No ay cementerio en esta villa, ni tiene necesidad de el por ser suficiente dicha yglesia parroquial. Se volvió a intentar, de nuevo sin éxito, en el año 1804 y ante la continuada desidia ve la luz la Real Orden de 2 de junio de 1833. En ella se decreta que donde no existieran cementerios, deberían ser sufragados los costes de su construcción por los fondos de las fábricas de las iglesias. Su carencia debería ser justificada para que pudiera ser utilizada ayuda municipal. El proyecto de construcción que no superase las 15.000 pesetas sería aprobado por el gobernador civil de la provincia, previa consulta a la diputación provincial. [En el rastreo realizado no aparece el documento que refleje el momento de la inauguración del cementerio de Garlitos]. Al mismo tiempo la Administración intenta establecer obligaciones en la localización de los camposantos. Estos habían de emplazarse a medio kilómetro de distancia de cualquier sitio urbano y lejos de fuentes de agua. El recinto debía estar cercado por medio de un muro, con puertas cerradas con candado y dotado de sala específicamente dedicada a autopsias. El Ayuntamiento era el responsable absoluto del cementerio, que no será municipalizado hasta la II República y aunque fuera construido y corriera con todos los gastos inherentes a su conservación y mejora, la voz decisoria pertenecía a la Iglesia, aceptándose así la preeminencia canónica sobre el interés municipal, lo que será germen de conflictos, pues la consideración de sagrada del área de enterramiento alejaba a todos aquellos ciudadanos que por su modo de vida se enfrentaban con lo religioso y oficialmente establecido como correcto. Resultado de todo ello fue la Real Orden del 2 de abril de 1883, que decretaba que: todas las localidades de más de seiscientos habitantes ampliasen sus cementerios en orden a dedicar un espacio a los llamados cementerios civiles, para personas no católicas o de religión no declarada. Siguiendo la normativa de la época, el Camposanto de Garlitos tenía habilitado en uno de sus extremos un lugar aparte, en absoluta dejadez y abandono, para enterrar a los niños sin bautizar, a los suicidas y a los que se habían decantado por no recibir sepultura en tierra consagrada [muchos lo recordareis].

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