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El garliteño como buen agricultor no dejó nunca de mirar el cielo en espera de agua algunas veces, deseando que luciese el sol otras y en general que el tiempo propiciase sus cosechas, porque al final:
«siempre los labradores están llorando, unas veces por duro, otras por blando».
Esta observación constante les llevaba a establecer ciertas relaciones entre el comportamiento de los animales y el tiempo meteorológico que estos vaticinaban, si bien, no puede considerarse a Garlitos como una sociedad altamente supersticiosa, porque el juicio del saber popular de que «no hay cosa segura en esta vida», advertía:
«siembra a su tiempo y déjate de pronósticos y cuentos».
Los presagios o barruntos que se recopilan a continuación han sido clasificados y agrupados en tres categorías:
1.- Augurios meteorológicos.
2.- Presagios relacionados con el comportamiento de los animales.
3.- Vaticinios varios.
1.- Augurios metereológicos.-
«Cerco en la luna, agua segura».
«Cielo aborregao, a los tres dias mojao».
«Año de nieves, año de bienes».
«Santos mojaos, Ramos regaos».
«Sol claro al poniente, buen día al siguiente».
«Cuando marzo mayea, mayo marcea».
«Estrellas en aumento, sol y buen tiempo».
«Aire solano, agua en la mano».
«Aire solano, malo en invierno y peor en verano».
«Las Cabañuelas forman parte de los presagios o augurios que se utilizaron en Garlitos como medio de predecir el tiempo, hasta que fueron sustituidas por el almanaque zaragozano. Se basaban en la observación y comprobación de los fenómenos atmosféricos por gentes que conocían y dependían del cielo, avalado por el profundo conocimiento que tenían de su microclima. Las cabañuelas empezaban el día 2 de agosto y terminaban el día 13 del mismo mes. Correspondía la del día 2, al mes de agosto, la del día 3, al mes de septiembre y así sucesivamente, hasta el día 13 que correspondía al mes de julio del año siguiente; fijándose especialmente cuando había un día lluvioso y así, si el día 3 de agosto, que correspondía a la cabañuela de septiembre, llovía, se pronosticaba que el mes de septiembre sería lluvioso y si llovía el día 4, se pensaba que lo sería octubre. Los garliteños llamaban a estas cabañuelas «maestras», pues añadían las de los días 14 a 25, llamadas «Retorneras», en las cuales, el día 14, volvería a corresponder al mes de julio; el 15, al mes de junio y así hasta el 25 que sería la de agosto. El día uno de agosto era la «llave del año», de suerte que las variaciones meteorológicas habidas a lo largo de este día darían cuenta de cómo sería el año en su conjunto.
2.- Presagios relacionados con el comportamiento de los animales.
«Cuando las golondrinas vuelan bajo sobre el suelo, anuncian tormenta».
«Banda de pájaros al anochecer anuncian que va a llover».
«Por San Blas la cigüeña verás, y si no la vieres, mal año esperes».
«Junta de moscas al sol o de mosquitos al oscurecer, anuncian que va a llover».
Eran considerados signos de lluvia:
«Cuando crujía la madera de la casa».
«Cuando caía el hollín de la chimenea».
«Cuando se humedecían las baldosas del suelo de las habitaciones».
«Cuando la siembra aparecía retorcida».
«Cuando la lumbre chisporroteaba».
Se consideraban indicios de cambio de tiempo:
«Cuando las señales de las heridas antiguas o los huesos dolían».
3.- Vaticinios varios.
«Derramar sal sobre la mesa presagiaba mala suerte».
«Derramar aceite era presagio de ruina».
«Pisar las rayas de las baldosas se consideraba malo, porque: «Quien pisa raya, pisa medalla del niño Jesús muerto en la cruz».
«Cuando se sentía un escalofrío repentino es que alguien acababa de pisar la que sería tu tumba».
«Al estornudar se respondia con: Jesús, María y José, para no reventar. Así mismo, cuando se abría la boca se hacía la señal de la cruz sobre ella para que no entrara el demonio en el cuerpo».
«Jugar con tizones suponía que por la noche mearías la cama».
«Arrojar a la lumbre las uñas cortadas acarreaba dolor de corazón».
«Cuando varios muchachos iban al campo a hacer de cuerpo se medía la distancia entre ellos con los brazos en cruz para que no les cayera ningún rayo y si alguno no podía hacer lo suyo, se le conjuraba del siguiente modo: Rana, rana, que te entren ganas».
«Cuando dos muchachas orinaban a un mismo tiempo y el reguero que formaban se juntaba se decía que se habían convertido en hermanas desde ese momento».
«Las manchas blancas en las uñas delataban a una persona como mentirosa».
«Cuando se hormigaba un pie, para que el hormigueo desapareciera, se aconsejaba hacer una cruz con saliva en el zapato».
«Era de creencia popular que el dejar la tenazas de la lumbre abiertas en el suelo traía a la casa hambre y miseria».
«Para librarse de la furia de las tormentas lo más socorrido era estarse quieto o meterse en la cama, toda la familia junta, y acordarse de Santa Bárbara, mientras se recitaba:
Santa Bárbara bendita,
que en el cielo está escrita,
con papel y agua bendita
al pie de la Santa Cruz,
Padre nuestro, amén Jesús».
«Era buena costumbre el madrugar, porque como se decía en Garlitos: «quien se levanta tarde ni oye misa ni come carne» ó «labrador que estime su fama, no le salga el sol estando en la cama».
Tambíen en Garlitos existían seres fabulosos creados con la única finalidad de asustar a los niños, como:
«Los duendes, reales para muchos de nuestros antepasados incluso para los mas cultos del momento, han formado parte de la cultura de nuestro pueblo. Eran descritos como personajes de pequeño tamaño, longevos, enredadores, que tendían a alejarse de la vista de los humanos y del ruido por ellos provocado. Eran engendrados y alimentados por el ambiente impuro de caserones inhabitados y lóbregos y se diviertían quitando y poniendo platos y tirando chinatos. Causantes de las pesadillas de los mayores, podían desencadenar un ahogo grave en los niños pequeños y no conformes con ello, aderezaban sus fechorías desordenando todos los cacharros de la casa. De ahí, el concocido dicho de Garlitos: «esto está como si hubieran andado los duendes».
«El hombre del Saco. Se describe al personaje como hombre gordo y alto, de mediana edad y mirada aterradora. Llevaba un gran saco al hombro y en las noches frías se llevaba a los niños que se portaban mal. Atraía a las criaturas con suave música o con cualquier otro medio de distracción. Cuando el pequeño se dejaba convencer y le acompañaba, el malvado lo conducía a un lugar oscuro y apartado donde le introducía en el saco y lo llevaba a su cubil para comérselo».
«El Tio Camuñas. Imaginado en nuestro pueblo como un hombre de aspecto horrible, manos huesudas y alargadas, que entraba en los hogares para llevarse a los niños cansinos y obstinados, tiene su origen en un famoso guerrillero, Francisco Sánchez Fernández «Francisquete» nacido en Camuñas y muerto el 15 de octubre de 1811 a manos de las tropas de Napoleón, a las que infirió gran terror y muchas derrotas. En Garlitos se asustaba a los niños diciéndoles: «que te lleva el tio Camuñas».
«El tio del Sebo. El personaje, al igual que el hombre del saco, tiene su origen en la historia del crimen. Estos crímenes se narraban en las coplas de los romanceros y se asustaba a los niños con ellos para evitar que se acercasen a desconocidos. El Tio del Sebo era como un sin Dios de figura satánica. Hombre de edad imprecisa, de gran fealdad, con ojos que centelleaban amenazadores. Cerrada barba, desastrado en el vestir y llenas de lamparones sus ropas descoloridas. En ocasiones se cubría con un gran sombrero de ala ancha y un viejo y raído ropón. En Garlitos se dicía que cebaba a los niños, para luego matarlos y extraerles la manteca que vendía con destino a tuberculosos o tísicos».
«El Gamusino, es por excelencia, el rey de burlas de la mitología popular y tradicional. Todos saben de su existencia, pero jamás lo han visto, aunque contaban que cuando se les cazaba y los metían en un saco, pesaban como auténticas piedras. Se le han adjudicado formas y figuras de las más dispares y originales. Vivían en lo alto de los árboles, a orillas de los arroyos y en los matorrales más densos. El astrónomo, periodista, escritor y teósofo estremeño, nacido en Logrosán (Cáceres), Mario Roso de Luna, dejó escrito en 1917:
«Y qué, ¿tomásteis como burla extremeña la Caza de los Gamusinos, sí, cuando niños, abusaron de vuestra candidez haciéndoos cargar, en tenebrosa noche, con un costal, que un chusco llenaría de piedras para molimiento de vuestros hombros y desencanto? Pues saben que ello es reminiscencia de la Caza de Boars encantados, del mundo de los jinas y Caza de los Swanursinos, cual Italia, y que lo de los gamusinos se relaciona con el gamo nocturno, Dama o Danna, en latín, en alusión a la Luna».
Saludos.
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