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A los simpatizantes culés españoles nos ocurren cosas de mear y no echar gota. Cuando Joan Laporta y su junta directiva hablan del Barça, no lo hacen como entidad deportiva, sino como resumen y compendio de Cataluña. Ya sabemos, la vieja retórica del “Barça más que un club”. Discurso que admite una lectura crítico-política sobre determinadas cuestiones extradeportivas que no pueden pasar desapercibidas. Al Barça lo construyen Laporta y sus clones como símbolo de Cataluña y agente activo del catalanismo, donde la lengua catalana es un signo de identidad del club; el presidente donó el año pasado la cantidad de 350.000 euros, recaudados, por cierto en el Barça-Madrid, a la Federació Llull integrada por Òmnium Cultural, Obra Balear y Acció Cultural del País Valencià. En fin, los llamados Paisos Catalans. Y yo, como aficionado culé, me pregunto: ¿Si el Barça juega ese papel de agente activo del catalanismo, cuál es mi lugar como simpatizante no catalanista? Y si la lengua catalana es un signo de identidad del Barça, ¿cómo nos califican a los que como yo somos castellanohablantes que sienten los colores del Barça como una cosa propia? ¿Cómo una suerte de simpatizantes impropios o extranjeros? Tengo la sensación de que el Barça de hoy esta a favor de una Cataluña Libre de España y yo, como Juan español, no cuadro en este club que desprecia mis gentes, mi lengua y mi tierra.
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